Soy Comadrona y Madre

Soy comadrona y madre, y si algo he aprendido de mi profesión y de mi experiencia como madre, es la poderosa fuerza del amor que lo traen a este mundo las mujeres con su capacidad de dar la vida y nutrirla.

Y así de simple y real es, que la historia de cada uno de nosotros, como bien dice Luisa Murano en su libro “El orden simbólico de la madre” empieza con la relación con nuestra madre.  Madres que dan la vida,  madres que nutren, transmitiendo de generación en generación su amor y su saber.

 

Existe una preciosa leyenda romana que explica cómo hubo un momento en la historia en donde se produjo una ruptura entre madre e hija,  lo qué llevó a romper esa transmisión que condujo a las mujeres a empezar a dar a luz,  nutrir y educar a sus hijos según el modelo que la sociedad imponía y no desde las madres que son y saben.

 

Y así cuenta la leyenda, que la Diosa Madre  y Zeus tuvieron  una hija, Persófone, y el Dios de los infiernos, Plutón, la rapto produciendo la ruptura entre madre e hija.

 

Su hija lloraba, lloraba y gritaba llamando a su madre pero ella no la podía oír. Fue gracias a un grupo de mujeres, que avisaron a la  Diosa Madre y consiguieron que al fin la Diosa pudiera escuchar los lloros de su hija y así ir a buscarla.

Al conseguir oír escuchar a su hija que había sido raptada, llega a un pacto con el Dios,  y consigue que un tiempo la hija este con la madre y otro con él. Y de aquí surge el mito de las estaciones.  Otoño e Invierno son las épocas en que la hija no está con su madre, siendo la Primavera cuando se encuentran, y cuando la tierra se nutre y florece.

 

Es así como siento la importancia que tienen los grupos de mujeres. La capacidad de hacer abrir los ojos a otras mujeres, la capacidad de oír el llanto de nuestros hijos desde la mirada y el sentir de madres que somos y no de la mirada de la sociedad. La capacidad de hacernos volver a ser madres desde nosotras mismas, como mujeres que somos capaces de dar vida desde el amor y de nutrirla con ese mismo amor, y no desde imposiciones externas y modelos sociales.

 

Mujeres que unas a otras van dándose confianza y recordándose  así mismas de la capacidad que tenemos si la elegimos de dar a luz y parir y nutrir a nuestros hijos, porque como mujeres que somos, sabemos y podemos.

 

Recuerdo en un viaje a Guatemala, que oí decir a sus gentes, que allí tenían prohibido reunirse a las mujeres. No llegue a entender e integrar el por qué de esta prohibición, hasta que pertenecí a un grupo de mujeres.

 

Tras el nacimiento de mi primer hijo en casa,  varias mujeres hicimos juntas algunas sesiones de preparación al parto en casa, nos reuníamos para hablar y acompañarnos con la crianza. Todas llevábamos a nuestros hijos en pañuelos o mochilas portabebés. Todas acabábamos de parir a nuestros hijos, y nos encontrábamos en plena crianza y lactancia.

 

Una de estas mamas tuvo la idea de formar un grupo en Internet, para poder comunicarnos y sentirnos más cerca ya que las distancias y una ciudad como Barcelona no siempre facilitaba los encuentros de todas. Y le puso el nombre de la “La secta del mocador” Ya que todas juntas llevamos a nuestros hijos en pañuelos, y parecíamos un grupo curioso ya que todos en las calles nos miraban y sonreían. Jamás pensé el apoyo tan grande que iba a ser este grupo para mí y para todas y toda la transmisión de información que nos pasábamos de unas a otras y la fuerza que nos iba a dar a todas.

 

De lo más importante fue el sentimiento de no estar sola con la crianza. En una sociedad en la que cada vez nos aislamos más, encontrarte con mujeres que sienten y te acompañan es de lo más poderoso. Tras un parto, se mueve todo demasiado internamente en nosotras, y una puede llegarse a sentirse sola, muy sola y confusa, especialmente cuando se encuentra con un bebe por primera vez en brazos llorando o cuando recibe mensajes del entorno opinando de todo sin muchas veces habiéndole pedido la opinión.  En el grupo podías compartir todas estas emociones,  y sentirte comprendida, escuchada, y entre todas nos apoyábamos y buscamos información para darnos confianza y fuerza para que cada una pudiera continuar con su crianza tal y como cada una sentía internamente sin dejarse llevar por modas e imposiciones sociales.

Y así continuamos hasta hora desde hace tres años, apoyándonos, transmitiendo  información,  dándonos fuerza y ahora en otro momento importante como es el de decidir la educación de nuestros hijos y elegir colegios donde puedan ser acogidos, amados y respetados como lo han sido en cada hogar.

 

Y así continuamos, porque somos unas dulces guerreras que vamos creciendo con nuestros hijos y aumentando el amor  en el mundo.

 

Blanca Lainez

texto publicado en el libro  "las mil y una noches de sueños de luz"

 

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