SER O NO SER MADRE. SER PADRE

 

La sexualidad parte del deseo de fusión con otro organismo, movido desde el placer, que no necesariamente tiene por que unirse con el deseo de reproducirse. Hacemos el amor llevados por el deseo, por el goce del contacto, por la satisfacción en la explosión amorosa y energética. Nos complementamos en el otro, nos fundimos en él, nos vaciamos abandonando  la tensión del cuerpo a la vibración, cediendo la conciencia, y luego descansamos. El hecho de poder descargar sirve para que nuestro organismo no se sobrecargue, se sature, e irrite por la acumulación.

 

La opción de reproducirse o no, es otra cosa. Generalmente los adultos machos y hembras solemos conectar con esta cuestión a lo largo de nuestra vida, tendrá que ver con el deseo individual y de pareja, el que lo realicemos o no. Somos capaces de sentir que algo es posible, incluso que nos gustaría, sus pro y contras, aunque esto no suponga que irremediablemente lo llevemos a la práctica. Una cosa es vivir el deseo con todo lo que supone, otra materializarlo. Si no sentimos que el momento es adecuado para algo o no disponemos de las condiciones que para nosotros son importantes, no es necesario que neguemos el deseo, simplemente no lo realizamos. Al igual que se habla mucho de una maternidad o paternidad responsable, no estaría mal hablar de una no - maternidad consciente y responsable. Social y culturalmente el ejercicio de la no- maternidad nos afecta especialmente a las mujeres, por la idealización arquetípica de la Madre, desde la Madre patria hasta la Madre de Dios. Pero ninguna mujer es menos completa por el hecho de no haber sido madre, sobre todo cuando esta decisión es fruto no de conflictos y reactividades, sino de la libre elección de sus potencialidades. A veces, también puede pasar que esperando el momento de reunir las condiciones idóneas para ser madres, se nos pasa la sazón, como dicen en mi pueblo. Eso de querer ser la Madre Ideal, perfecta, impecable, es también pero que muy sospechoso. De hecho todo lo que tiene que ver con la maternidad lo es, pues nos devuelve a nuestras experiencias con la madre, con el padre, al mismo tiempo que evoca el recuerdo de lo que nos ha supuesto ser hijos o hijas.

 

Psicólogos y analistas explicamos como algunos de los conflictos en el embarazo se despiertan porque despertamos esta memoria infantil generalmente muy cargada de emociones. No es precisamente fácil ser madre cuando me he sentido e incluso me sigo sintiendo fatal en la relación con mi madre. O si aún perdura en mi una fuerte necesidad de ser cuidada, aunque ahora esto se traslade a mi compañero, o a los amigos o mis jefas en el trabajo. Esta necesidad de que se responsabilicen de mí, de estar protegida, sostenida, puede entrar a chocar con la contradicción de pasar a cuidar, dejar de ser El Hijo, ceder mi sitio infantil para mirar al mundo desde otra posición existencial. Más o menos según como fue nuestra historia tenderemos a reflejarnos, proyectarnos, en la madre o en el bebé, pues en este momento la mujer siendo madre contiene al hijo dentro de sí. Racamier ve este reflejo en la forma en como utilizamos el lenguaje, la diferencia de posición entre el "Yo estoy embarazada" y el "Yo espero un hijo”

 

HABLANDO DEL PADRE

 

Para el hombre también supone conflictos el hecho de ser padre, pues evoca no solo la relación con los padres infantiles, sino, además, con la mujer ahora madre, y ese hijo al que no ve, y con el que puede llegar a rivalizar. Durante el embarazo el hombre se sitúa en la parte externa de esta pareja que es la mujer con el hijo/a, pareja que puede ver inaccesible, sintiéndose excluido, y hasta llegar a estar celoso. No es fácil para el hombre perder tanto territorio. Algunas posiciones ausentes y descomprometidas del padre vienen de ahí, así como la tendencia a la huida.

 

Temores que le llevan a evitar las relaciones sexuales, y propician infidelidades en el embarazo pues simbólicamente significan entrar en la madre, hacer el amor con la madre, y desde otro ángulo también la posibilidad de agredir al hijo. A veces por el contrario el hombre se identifica tanto que puede llegar a tener sus antojos, su barriguita, couvade, incluso ser una "madraza" temerosa e hiper-protectora. De hecho exige una buena dosis de madurez, o al menos tener bastante clarificados los sentimientos de rivalidad por el poder, para que el hombre pueda encontrarse cómodo en esta cultura sexista que tanto atosiga con los conceptos de lo masculino y lo femenino.

 

El hombre vive sus conflictos con la paternidad lejos de una panza justificadora de miedos y ansiedades. A él parece que no le pase nada y por lo tanto no solo tendrá que retraer sus dificultades, sino que habrá de cumplir una vez más, mostrando una fortaleza y seguridad que muchas veces no tiene. Falto de una voluminosa tripa pierde el derecho a sus emociones y a la comprensión de quienes le rodean. Incluso la compañera tan ensimismada en sus propios cambios puede ignorar que a su lado el hombre también se está transformando en padre. Tanto durante el embarazo como a lo largo de la crianza, el padre además de su relación propia e intransferible con el hijo, tiene con la mujer la capacidad de actualizarla, es decir rescatarla de su función de madre, devolviéndola y permitiéndole el reencuentro con la mujer que es, sobre todo a través del encuentro sexual, donde la fusión es entre dos organismos iguales, adultos. El padre hará una función de maternage en la maternidad, sin necesidad de simbiotizarse, de perder su sitio, el padre actualiza su maternidad nutriendo, sosteniendo, protegiendo a su hembra y su cachorro.

 

Para los hijos será una suerte haber podido disfrutar de toda la maternidad que vino de su padre y de la que le dio su madre, energías y sensaciones diversas formando una unidad funcional.

 

"Llevo en mi vientre una semilla que me configura y embellece, soy muy feliz por ello, siento la fuerza de su vida en mi vida con una profundidad inmensa y caliente. Nadando en mis entrañas pescadito delicado me acaricias con un saludo. Tu padre y yo sonreímos al pensarte y, te veo presente en él como lo estás en mí, sutilmente nos invades con la hermosura de la espera".

(María Montero-Ríos)

 

En fin vaya puzle, y eso que no acaba aquí, pues todos estos cruces emocionales han de mezclarse con los cambios fisiológicos, hormonales, energéticos del propio embarazo, que trastocará y desajustará algunos de nuestros equilibrios. Si no nos resultó fácil ser hijos, ahora en el hecho de ser padres tenemos una magnífica oportunidad de recuperar nuevos puntos de vista, si alguien guarda en el desván esos viejos diarios que fue escribiendo mientras crecía, que los saque para refrescarse la memoria de las cosas que verdaderamente le importaban.

 

Maria Monteros Ríos.

Saltando las olas. Obstare, 2007 

 

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