Los niños del futuro

Ni un solo intento de mejora del destino humano ha tenido éxito hasta ahora. ¿No hay entonces esperanza? Hay esperanza, mucha esperanza, si solamente mostramos el valor y la dignidad de ser conscientes de nuestro miserable fracaso.

Primera condición: “Somos solo los transmisores de un pasado depravado, hacia un futuro eventualmente mejor. No debemos ser los que edifican este futuro. Ya hemos demostrado que somos incapaces de construir nuestro propio futuro. Lo que podemos hacer como transmisores, no obstante, es contar a nuestros hijos, donde y como fracasamos. Podemos, además, hacer todo lo posible para remover los obstáculos que están en el camino de nuestros hijos para que construyan un mundo nuevo y mejor para ellos mismos”. 

“No podemos decir a nuestros hijos que tipo de mundo sería o habría que construir, pero podemos equipar a nuestros hijos con el tipo de estructura caracterial y con el vigor biológico que les harán capaces para tomar sus propias decisiones y encontrar sus propios caminos para construir de una manera racional, su propio futuro y el de sus hijos”.

 

EL CENTRO DE INVESTIGACIÓN ORGONÓMICA INFANTIL (OIRC)

El día 16 de diciembre de 1940, se reunieron 40 trabajadores profesionales: médicos, puericultores y asistentes sociales, en el Orgone Institute de Forests Hills, Nueva York, para discutir la difícil tarea de la educación: El Estudio del Niño Sano.

Las distorsiones estructurales en el carácter de los padres, médicos y educadores son transmitidas automáticamente a cada generación recién nacida. Así, la opinión pública equivocada sobre la educación y con ella el acorazamiento de las capacidades naturales en los recién nacidos se reproducen sin fin. Obviamente es indispensable cortar este círculo vicioso de un modo arbitrario y correcto. La palanca para romper este círculo vicioso puede ser, en el estado actual de conocimientos de estas materias, solamente la elección cuidadosa de los padres, cuyos bebés serían observados y cuidados.

 

LA ESTRUCTURA BÁSICA DEL OIRC

La organización del OIRC tenía que reflejar la tarea a efectuar. El trabajo tenía que estar concentrado sobre el proceso de desarrollo desde la concepción al parto y hasta la edad de  cinco o seis años, es decir, la edad en la que se completa la estructura caracterial básica para alcanzar las funciones plasmáticas y bioenergéticas dadas por la naturaleza del niño. En consecuencia había que formar cuatro grupos básicos.

 

El cuidado prenatal de la madre embarazada y sana.

 

Supervisión cuidadosa del parto y de los primeros días de vida del recién nacido.

 

La prevención del acorazamiento durante los primeros cinco o seis años de vida.

 

Estudio y relación del desarrollo posterior de los niños que crecían guiados, así, desde su concepción hasta sus años posteriores, bien pasados y la pubertad.

 

No sabíamos nada de lo que es y lo que sería un “niño sano”.

 

Sabíamos que sólo la plena consciencia de nuestras propias estructuras caracteriales y la predisposición de exponerlas cuando se presentaban, muy probablemente, nos posibilitarían proseguir. Sabremos muy pronto, que no sólo era correcto este punto de partida, sino que también llegábamos pronto a la primera conclusión importante: era imposible ejecutar la tarea con estructuras humanas claramente distorsionadas emocionalmente.

 

Para eliminar desde un principio cualquier malentendido sobre la naturaleza de la empresa, se acordó que ninguna opinión pública, no importa de qué fuente o fuerza, podía impedir el desarrollo de salud en los niños, sería tolerado de ejercer su influencia en nuestros procedimientos. No se toleraría la discriminación entre madres que poseen un certificado de matrimonio y las que no lo tenían. Las rituales religiones, como la circuncisión, serían juzgadas solamente desde un punto de vista si hacen bien o mal a los niños y no si son o no son creencias estimadas o costumbres de grupos de gentes o naciones. Además, se tenía que entender claramente y desde el principio, que cualquiera que sentía una fuerte oposición en contra de los juegos genitales de niños en la edad de 3 a 5 años, por las razones que fueran, no deberían aceptar el trabajo. Estas clarificaciones preparatorias tenían como fin introducir el punto de vista básico, del cual procederían todos los actos y valoraciones.

 

Un recién nacido es ante todo, una pieza de la naturaleza viva, un sistema orgonótico gobernado por ciertas leyes bioenergéticas. Nadie negará el hecho que la naturaleza es un reino infinitamente más amplio que la iglesia, o el estado, o una cultura en particular, o en este caso, el fin o la idea que está fuera del funcionamiento del recién nacido.

Si alguna vez se daría una base natural para el funcionamiento cooperativo internacional de la sociedad, entonces esa sería el principio vital que cada recién nacido trae consigo, ya sea en Leningrado, Tibet o Nueva York.

 

La conclusión completamente válida que puede ser derivado de nuestro conocimiento caracterológico es la siguiente: si el rígido acorazamiento del animal humano es el principio básico común de su miseria emocional, si es este acorazamiento que le pone como especie biológicamente única fuera del límite del funcionamiento natural, entonces se obtiene la siguiente conclusión lógica: LA PREVENCION DE ACORAZAMIENTO RIGIDO ES EL FIN CENTRAL DE LA HIGIENE MENTAL PREVENTIVA.

 

Sin embargo nadie sabía, antes del descubrimiento de la energía orgonótica en el organismo, cómo era exactamente la “ley de la naturaleza”. Los niños nacen en todas partes como otros animales, sin acorazamiento. Esto constituye la base más firme de la higiene mental, una base mucho mejor que cualquier intento de desarmar más tarde o prevenir este acorazamiento. Ahora, este principio natural es cambiado por otros puntos de vista, que le asfixian y le hacen inefectivo. Tenemos que plantear la pregunta de cómo una actitud tan obviamente insana puede tener lugar.

 

Hay varias razones para esta locura general:

 

  1. El principio bioenergético natural en el recién nacido es reprimido sistemáticamente y destruido por el padre y educador acorazado: son mantenidos en su ignorancia por las poderosas instituciones sociales que hacen florecer el acorazamiento del animal humano.
  2. Existe la idea que la naturaleza y la cultura son incompatibles.
  3. Hasta ahora la mayoría de la raza humana se distingue del resto del reino animal por su rigidez y acorazamiento. “Es el odio brutal basado sobre el terror el que origina el acorazamiento en los recién nacidos”.

 

Las instituciones de la sociedad requieren la supresión de la naturaleza en el niño y su adaptación a ideales que son, para empezar ajenos a su naturaleza, son funciones carentes de significado y meramente secundarias, visto desde el extenso y profundo ángulo de lo vivo. Las instituciones y las ideologías están al alcance del poder del hombre. Puede cambiarles solamente deseándolo. La base biofísica está fuera de su alcance.

 

Tuvimos durante los últimos años la oportunidad de observar el crecimiento, sin ninguna consideración, debido a cultura, iglesia o estado. Estos niños fueron los mejores maestros que habíamos tenido hasta ahora, nos enseñaron más sobre biología y autorregulación que habíamos podido esperar aprender durante treinta años de trabajo como psiquiatras y médicos. Fue en su total, como mirar hacia la “tierra prometida”. También fue una lección de lo que hace la ”plaga emocional” del hombre a sí mismo.

 

El recién nacido, mientras no haya sufrido ya daño en el útero, trae consigo toda la riqueza de plasticidad natural y desarrollo productivo. El recién nacido no es, como muchos creen erróneamente, un saco vacio o una máquina química en la cual todos y cualquiera puede tirar sus ideas particulares sobre lo que debería ser un ser humano. Trae consigo un sistema energético adaptable, enormemente productivo, que, de sus propios recursos, establecerá contacto con su entorno y empezará a modelarlo según sus necesidades. La tarea básica y principalísima de toda educación, que está dirigida por el interés del niño y no por el interés de programas de partidos, provechos propios, intereses eclesiásticos, etc., es remover cada obstáculo en el camino de esta productividad y plasticidad naturales de la energía biológica. Estos niños tendrán que elegir sus propios modos de ser y determinarán sus propios destinos.

 

Tenemos que aprender de ellos, en vez de imponerles nuestras propias ideas retorcidas y prácticas maliciosas que ya, con cada nueva generación, han demostrado ser tanto dañinas como ridículas. Es aquí, por primera vez, que se ha encontrado una base positiva y amplia.

DEJE QUE LOS NIÑOS MISMOS DECIDAN SU PROPIO FUTURO.

 

Era evidente que en cualquier momento de una forma u otra, nuestro proyecto se encontraría con la misma e intensa ansiedad y odio brutal que es tan bien conocido. No deberíamos tener ilusiones: este odio profundamente estructurado, no importa lo bien tapado que esté por amor e interés en el niño, se mostraría inevitablemente e intentaría matar la empresa. Sólo el desarrollo posterior podrá probar si esta anticipación es correcta o no.

 

Se decidió no dar publicidad al nuevo experimento, sino esperar pacientemente hasta que se había aprendido lo bastante sobre las reacciones del Centro de Investigación de los descubrimientos venideros. Antes de que alguien pudiera esperar hacer algo realmente significativo en público, debería aprender a reconocer el odio hacia la vida en sus modos ocultos y desviados y encontrar los medios adecuados para manejar este odio.

 

El primer paso, durante los siguientes tres meses, debería ser la demostración del acorazamiento en niños con biopatías y las primeras señales de acorazamiento en niños razonablemente sanos.

 

Continuará. Junio 1950.

Wilhelm Reich

 

 

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