El parto como evento neurobiológico

Neurohormonas maternas y fetales y su papel en el parto: oxitocina, endorfinas, catecolaminas y prolactina

En los días previos al parto se dan los pródromos. La señal del inicio del parto parece que viene del cerebro fetal (Nathanielsz, 1994). Durante estos días se produce en la madre una caída rápida de los niveles de progesterona, y un aumento de los niveles de estradiol. Este cambio en el balance de estradiol y progesterona produce, por un lado, un aumento de la prolactina en las 24-48 horas previas al parto (niveles que se mantienen durante la lactancia) y por otro lado, inicia la liberación de oxitocina a nivel central. En ratas se ha visto como esta liberación de oxitocina actúa sobre el receptor GABAA de las neuronas oxitocínicas, desensibilizándolos a la alopregnenolona (que ejercía un efecto inhibitorio para la secreción de oxitocina). De esta forma, se desencadena la liberación masiva de oxitocina desde la hipófisis materna, en pulsos, que actúa a muy diversos niveles.

 

El efecto más conocido es el de incrementar las contracciones uterinas con una retroalimentación positiva, que van a culminar con el reflejo de eyección materno, definido como un mecanismo fisiológico innato, que explicaría los partos rápidos, aparentemente fáciles y/o precipitados. Un reflejo de expulsión fetal auténtico tiene lugar cuando un bebé humano nace después de una corta serie de contracciones irresistibles, que no dejan espacio para los movimientos voluntarios (Odent, 2009). Este reflejo de nacimiento espontáneo es el proceso fisiológico (que une biología y psicología) que hace de un parto un acontecimiento mecánicamente exitoso, físicamente tolerable para la madre y seguro para el bebé. La evidencia científica apoya esta hipótesis y señala que los pujos dirigidos durante el parto no se asocian a resultados óptimos (Hanson, 2009)(Brancato, Church, & Stone, 2008).

 

Sin embargo, la oxitocina no sólo va a favorecer el inicio y mantenimiento de las contracciones o la eyección láctea (liberación sistémica), sino que además ejerce su labor como neurotransmisor. En las ratas por ejemplo se ha visto como la oxitocina materna cambia durante el parto el efecto del GABA, pasando de ser excitatorio a inhibitorio, lo que protege el cerebro del bebé de la hipoxia. Es decir, la oxitocina materna prepara el cerebro fetal para resistir mejor el parto (Khazipov, Tyzio, & Ben-Ari, 2008; Tyzio et al., 2006) (Brown & Grattan, 2007). Las neuronas de los núcleos supraóptico y paraventricular del hipotálamo, emiten sus conexiones a diversas áreas del cerebro de la madre y es su acción en estas áreas la responsable del inicio de la actitud maternal. En estudios realizados con roedores, la inyección intraventricular cerebral de oxitocina a ratas no gestantes desencadena en éstas actitudes maternales, y del mismo modo, la inyección de antagonistas de la oxitocina a este mismo nivel, produce una inhibición de este tipo de comportamiento (Numan, 2006). También en ratones se ha visto que el incremento en la densidad de los receptores de oxitocina se correlaciona con la intensidad del comportamiento maternal y con la experiencia que tuvieron de crías con sus madres, lo que podría explicar la transferencia epigenética transgeneracional de la calidad del comportamiento materno (Champagne, Diorio, Sharma, & Meaney, 2001) y en última instancia del apego.

 

En humanos, niveles altos de oxitocina endógena a nivel cerebral producen sensación de bienestar (Ishak, Kahloon, & Fakhry, 2011), confianza (Baumgartner, Heinrichs, Vonlanthen, Fischbacher, & Fehr, 2008)(Keri & Kiss, 2010), vivencia amorosa, memoria social (Heinrichs, von Dawans, & Domes, 2009), e incluso vivencia mística. Esto se correlaciona bien con los estudios que han analizado la vivencia del parto en madres de muy diversas culturas. Mujeres de todo el mundo necesitan compartir su historia de parto con otras madres en las semanas que siguen al mismo, y refieren frecuentemente sentimientos de vivencia amorosa, vinculo transpersonal e incluso experiencias transcendentales o místicas durante el parto (Callister, Semenic, & Foster, 1999; Callister, 2004). Además en la madre la oxitocina endógena produce también la liberación progresiva de endorfinas y un característico estado alterado de consciencia propio del parto, que ha sido poco estudiado (Colman & Colman, 1973).

 

En cuanto al bebé, según Lagercrantz en el útero el feto permanece sedado por la baja tensión de oxígeno de la sangre fetal y por el efecto anestésico e hipnótico de los neuroesteroides pregnanolona y la prostaglandina D2 (respectivamente), ambos producidos por la placenta. El paso de la cabeza del bebé por el canal del parto se acompaña de una liberación masiva de catecolaminas que van a hacer entre otras cosas que los bebes pasen las dos primera horas de vida en estado de alerta tranquila. Nada más nacer los niveles de catecolaminas en la sangre de recién nacido son altísimos: llegan a ser veinte veces mayores tras el parto normal que en un adulto, y todavía son más elevados tras un parto instrumental y/o asfixia. Esa descarga tan alta de adrenalinas ha sido llamada por algunos autores “el estrés del parto” (activación del sistema simpático) que además han aclarado que se trata de un estrés beneficioso y necesario para los recién nacidos (Lagercrantz & Slotkin, 1986). Este estrés se resuelve tras el nacimiento por una estimulación vagal producida por el contacto piel con piel y la succión temprana, como veremos más adelante.

 

A nivel del sistema nervioso central nada más nacer el recién nacido tiene el cerebro con niveles altos de oxitocina y catecolaminas, lo que produce ese estado de alerta tranquila descrito que dura unas dos horas. Esto se ha correlacionado con la existencia del llamado periodo sensitivo (Bystrova et al., 2009). Dejados en contacto piel con piel ininterrumpido con la madre, los recién nacidos guiados por el olfato, como consecuencia de la estimulación catecolaminérgica y de oxitocina endógena a nivel del bulbo olfatorio (Porter & Winberg, 1999) buscan el pezón e inician espontáneamente la lactancia en la primera hora de vida en la mayoría de los casos (Varendi, Porter, & Winberg, 2002). Las contracciones uterinas maternas durante el parto facilitan el aprendizaje olfatorio del recién nacido. El olor del pecho materno ayuda al bebe a iniciar la lactancia. Previamente suelen establecer contacto visual con la madre, mirándola fijamente y escuchándola con atención, lo que es indicador de altos niveles de oxitocina intracerebral, que presumiblemente va a quedar grabado dado el efecto en la memoria de los también elevados niveles de catecolaminas cerebrales en la criatura recién nacida.

 

La comprensión de los efectos de las neurohormonas nos permite deducir que el recién nacido sano probablemente experimente una intensa sensación amorosa en las primeras horas de vida que quedará profundamente grabada en varias áreas de su cerebro. Y algo similar debe de suceder en la madre, como nos demuestran los relatos de las madres, las observaciones realizadas en sala de partos y la interpretación de los hallazgos neurobiológicos.

 

Texto extraído de “Informes, Estudios e Investigación 2012

“Maternidad y Salud: Ciencia, Conciencia y Experiencia”

Ministerio de Sanidad de España

 

 

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