Gro Nylander, médico, promueve la lactancia materna

 

OBSTETRA, AUTORA DEL LIBRO MATERNIDAD Y LACTANCIA. “La leche materna es antibiótico y vacuna”

Dejemos lo de mi edad… Soy madre de cuatro hijos treintañeros y abuela de cuatro nietos. Estoy casada. Soy noruega y vivo en Oslo. Soy médico y obstetra en el hospital de la Universidad de Oslo. Soy directora del Centro Nacional de Lactancia Materna, el primero del mundo. Fomento la lactancia materna: ¡reporta beneficios sin fin!

 

VÍCTOR-M. AMELA – 00:00 horas – 06/06/2005

-        ¿Qué tiene la leche materna que no tengan otras leches?

-        El envase más bello del mundo…

-        ¡Totalmente de acuerdo!

-        … y varios miles de beneficios para la salud del bebé que la mama.

-        ¿Miles?

-        Son los ya confirmados por estudios científicos…, pero ¡cada día descubrimos alguna nueva ventaja de la lactancia materna! Y tanto para el bebé como para la madre.

-        Cíteme el beneficio más relevante.

-        ¡Es una vacuna natural! Los anticuerpos que la madre posee pasan con su leche al bebé lactante: así, el bebé ¡queda inmunizado ante los gérmenes del entorno de la madre!

-        ¿Y el bebé enferma menos?

-        Sí: padece menos infecciones. Mire, hace poco hubo en Oslo una epidemia de diarrea entre niños de cuatro años: descubrimos que lo causaba un raro virus, frecuente en Pakistán, y no respondían a ningún tratamiento…

-        Los niños no tenían defensas, deduzco.

-        Entonces se nos ocurrió darles leche materna de una mujer pakistaní: ¡se curaron!

-        ¡Bravo! ¿Hay alguna leche maternizada que pueda competir con eso?

-        Esas leches artificiales está vetado llamarlas maternizadas: ¡es publicidad engañosa!- son cada día mejores, ¡pero están a años luz de los beneficios de la leche materna!

-        Siga enumerándolos, por favor.

-        La mortalidad infantil en el primer año es inferior entre los bebés con lactancia natural. Y hay menos casos de muerte súbita.

-        ¿Por qué?

-        Probablemente porque están más blindados ante infecciones respiratorias.

-        Más sanos.

-        Tienen también menos anemias: el hierro de la leche materna se absorbe todo, pero el de las leches artificiales se absorbe mal.

-        ¿Cómo afecta eso al crecimiento del niño?

-        Hemos constatado que los adolescentes que de bebés mamaron leche materna son menos proclives a la obesidad que los otros.

-        Curioso

-        Muy importante: ¡la obesidad mata hoy a más gente en el mundo que el hambre!

-        ¿Y afecta de algún modo la lactancia al desarrollo intelectual del bebé?

-        Sí. La gran riqueza en ácidos grasos de cadena larga (omega-3) que contiene la leche materna favorece el desarrollo del cerebro. El CI (coeficiente intelectual) de esos niños superará de 5 a 10 puntos al de los otros.

-        ¡Todo son beneficios!

-        El desarrollo psicomotor también mejora algo gracias a la leche materna. Y el emocional, gracias al contacto físico, piel con piel…

-        ¿Y cuánto tiempo conviene dar de mamar para gozar de todos estos beneficios?

-        Durante los primeros seis meses conviene dar sólo pecho. Y durante los siguientes seis meses, pecho más otros alimentos.

-        Y ya tenemos al bebé con un añito.

-        La OMS aconseja seguir dándole pecho hasta los dos años. Los bosquimanos y otros pueblos primitivos alargan la lactancia hasta los tres o cuatro años. ¡Eso sería lo natural!

-        ¿Tanto?

-        Ya me han advertido que decir esto en España es casi tabú… Esos niños casi no enferman, no necesitan antibióticos: ¡la leche materna es su antibiótico natural! Sin hablar de la riquísima absorción de sus proteínas.

-        Pero… ¿no morderá el niño ese pecho?

-        Si lo hiciese, hay que apretárselo contra el pecho: ¡es imposible morder con la boca llena..! Pero el niño está feliz y no muerde.

-        ¿Qué consejo daría a una madre primeriza para que dé correctamente el pecho?

-        En seguida que nazca el bebé, que se lo pongan entre los pechos y lo dejen con ella. Ese bebé olisquea, busca, se acerca al pecho y, antes de una hora, ¡ya está mamando!

-        ¿Así de fácil?

-        ¡Claro! Es un instinto derivado de millones de años de selección natural… Y hemos comprobado que cuantas más horas tardemos en ofrecerle pecho al bebé…, peor: más reflejos habrá perdido, más lento y abotargado estará y más le costará empezar a mamar.

-        Lo que desesperará a la madre lactante…

-        No hay que atosigarla, ni ella a su bebé. Calma. ¡Y que ni ella -ni nadie- frote o apriete con los dedos los pezones para prepararlos! Es un error: sólo la boca del bebé debe tocar esos pezones. La madre debe quedar sola con el bebé, y dejar al bebé que busque…

-        Tranquilamente.

-        Sí. Ah: y que nadie le dé biberón al bebé.

-        ¿Por qué no?

-        Succionar una tetina de biberón es como succionar un espagueti, y succionar un pecho es como meterse una hamburguesa en la boca. Si acostumbras al bebé al biberón, luego le costará más succionar bien el pecho.

-        Que es la hamburguesa, ñam.

-        Lo es: para que la succión sea correcta, la boca del bebé debe abarcar no solamente el pezón, sino también parte del pecho.

-        ¿Y no estropea los pechos dar de mamar?

-        ¡No! La caída del pecho deriva de que se hinchan durante el embarazo y luego se deshinchan: ¡nada que ver con la lactancia!

-        Aun así, hay madres que prefieren evitarse la dependencia personal de la lactancia…

-        Pues les daré otro dato: por cada año que una mujer da de mamar, ¡reduce en un 4,6% su riesgo de padecer cáncer de mama! Que es el cáncer que más mujeres mata en España…

-        Si yo fuese mujer y madre, no dudaría…

-        Pues así, además, alejaría la osteoporosis en su vejez: hoy sabemos que dar de mamar renueva el calcio del esqueleto y lo refuerza.

-        ¿Y cuántas veces al día debería darle?

-        Las que demande el bebé. Es lo ideal: los pechos adecuan su producción de leche a esa demanda. Y la sirven a la temperatura ideal.

 

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