FUNDAMENTOS BIOENERGETICOS Y VEGETATIVOS DEL MASAJE PARA BEBES

 

Basado en los estudios bioenergéticos del médico y científico Wilhelm Reich.

 

Lo mismo que Freud, Reich postuló la existencia de una energía específica que impulsa los procesos vitales psicofísicos. Freud la llamó “libido” aunque nunca logró aportar la demostración científica. Reich la llamó “orgón” y se dedicó a su investigación científica.

 

Existe una energía biológica específica de cuyo manantial brotan las fuerzas vitales. Las manifestaciones de esa energía vital originaria son todas las funciones psíquicas y somáticas concretas.

 

La calidad de las distintas expresiones psicosomáticas depende de los procesos de circulación y transformación de la bioenergía en los niveles más profundos de nuestro organismo, por tanto, el cuerpo nos dice cosas acerca del estado en que se encuentra el sistema bioenegético en cada momento.

 

Las ondas de excitación bioenergética se propagan por el eje longitudinal del cuerpo pudiendo inundar diversas regiones del organismo. En los bebés el fenómeno se observa con maravillosa nitidez: unas veces bracean con entusiasmo, luego patalean llenos de excitación, después toda la energía se ha trasladado a los ojos y observa todo con vivo interés. La apertura y permeabilidad del sistema bioenergético determinan la elasticidad y la gracia de los movimientos infantiles.

 

Haciendo un símil con la circulación natural del agua, los trastornos se producen cuando construimos diques artificiales que obstruyen el libre flujo. El equilibrio entre producción y consumos se rompe entonces y resultan congestiones de la energía en determinadas regiones del organismo. Los consumos son en forma de motricidad, crecimiento, sexualidad y trabajo.

 

Estos bloqueos, con carácter secundario, se expresan en forma de angustia, impulsos destructivos o enfermedades psicosomáticas. En el lactante los bloqueos de la movilidad bioenergética se distinguen con relativa facilidad. La naturalidad y fluidez de los movimientos desaparece y se rompe el flujo de los estímulos. La criatura se retuerce, se arquea levantando el cuerpo apoyado en la nuca, lloriquea constantemente, y si lo tocamos notaremos que esta rígido y duro. Otro síntoma de esta quiebra de la unidad es que desaparece la coordinación entre la parte superior e inferior del cuerpo. El bebé yace, por ejemplo, con las piernecitas completamente inmóviles, mientras la cabeza, el pecho y los brazos reflejan el estado de congestión bioenergética. La perturbación del equilibrio bioenergético se manifiesta en todos los planos del sistema: en el área emocional, en la conducta de interacción, en los ritmos de sueño y vigilia, y también en el aspecto senso-motor.

 

El modelo bioenergético parte de un tipo de movimiento que consideramos específico de la energía vital, la pulsación. Los procesos pulsátiles se encuentran en todas las funciones biológicas. Y también el ser humano se somete, desde el instante de la concepción, al ritmo ininterrumpido de la expansión-contracción. Lo observamos en el pulso cardiaco, en el ritmo respiratorio, los movimientos peristálticos, etc. También obedecen a pautas pulsátiles la sexualidad y los procesos de aprendizaje y trabajo. La pulsación de la vida se manifiesta en los bebes de manera impresionante. El bebé se expande y dirige sus energías al mundo exterior. En ese estado tiene la piel caliente y sonrosada, los ojos brillantes, los movimientos son suaves y coordinados. Explora con placer su entorno inmediato.

 

Esta actividad le fatiga, se invierte entonces el sentido del flujo de las energías. Retira su energía biológica del entorno y la vuelve hacia el propio organismo. Está en un estado de vigilia tranquila o bien de somnolencia. El estado completamente relajado del bebé que reposa sobre el vientre materno después de mamar, por ejemplo, describe muy bien ese proceso de recogimiento.

La expansión y la contracción se alternan continuamente. La fase de recogimiento tiene tanta importancia para el funcionamiento vital del lactante como la tendencia expansiva y dirigida hacia fuera. La libre movilidad bioenergética se traduce en la permanente oscilación del organismo entre el contacto consigo mismo y el contacto con el mundo exterior.

 

El sistema nervioso vegetativo, también llamado autónomo, tiene un papel central. Trasmite las variaciones de todas las estructuras y fluidos corporales, etc…Le corresponde la función de mediador de los flujos bioenergéticos en el organismo. El S.N.V. tiene dos partes: el simpático y el parasimpático o vago que ejercen su acción sobre el conjunto del organismo en sentidos opuestos. El simpático predomina siempre que el organismo se encuentra en situaciones de alarma o estrés que se vivencian subjetivamente como desagradables. El organismo se retrae del entorno.  El vago se manifiesta siempre que predominan la relajación y la regeneración. El organismo se expande hacia el entorno. En ese estado placentero los ojos brillan, la piel presenta una coloración lozana.

 

Cuando se separa al bebé de la madre inmediatamente después del parto y durante un tiempo prolongado, por ejemplo, se enfrenta al bebé con una situación angustiosa, percibida como amenazante. Primariamente se produce entonces una reacción del simpático. Las energías vegetativas pasan bruscamente de la periferia a las áreas centrales del organismo. Observamos aumento de la frecuencia respiratoria, taquicardia y aumento de la tensión. Pupilas dilatadas y piel fría y sudorosa sobretodo en manos y pies. El bebé esta fuera de sí, los gritos se vuelven estridentes. El cuerpo presenta gran agitación motriz. El sistema trata desesperadamente de desahogar las energías acumuladas para restablecer la homeostasis o equilibrio básico.

 

Lo principal es si las señales de alarma emitidas por el pequeño recibirán o no una respuesta adecuada, ser devuelto inmediatamente a los brazos protectores de la madre o sustituto adecuado. Entonces el bebé inicia enseguida la distensión al sentirse mecido y escuchar palabras de consuelo. El vago determina una apertura de las áreas periféricas del cuerpo. La piel se calienta y sonrosa. La respiración y los latidos del corazón se tranquilizan. En el caso normal, el bebé se encuentra en permanente oscilación entre vagotonía y simpaticotonía. Reich define la salud como una función de esa alternancia, como una dialéctica siempre distinta del organismo consigo mismo y con su entorno. Tanto la inervación simpática como la parasimpática son necesarias. Sin embargo, no siempre el bebé consigue recuperar el equilibrio bioenergético. Observamos que los bebés que han sufrido experiencias fuertemente traumáticas permanecen emocional y físicamente retraídos con respecto a su entorno quedando en estado de letargo biológico y energético. Esto ocurre si la impresión ha sido demasiado abrumadora o se reitera con asiduidad excesiva. El sistema queda crónicamente en estado de simpaticotonía y contracción. El bebé ha perdido la facultad de relajarse placenteramente y de contactar emocionalmente con su entorno. En términos de Reich, el bebé “se acoraza”.

 

Señales físicas de la retracción emocional

 

El rasgo decisivo es hasta qué punto mantiene la capacidad de abandonar esa contracción para abrirse de nuevo al mundo. Hay que distinguir entre los casos agudos y los crónicos.

 

Un niño muy estresado apenas busca el contacto visual con los padres, los tejidos están en tensión y manos y pies fríos. Un rasgo es la rigidez general del cuerpo. Se aprecia sobretodo en el momento de tomar al bebé en brazos. Son niños que tienen el miedo metido en el cuerpo y no descansan en el brazo sino que están tiesos. Otra indicación es la inestabilidad del contacto visual. Cuando el bebé se ha retirado emocionalmente, sus ojos dejan de explorar y absorber el mundo que le rodea. Apartan la cabeza o cierran los ojos cuando la intensidad del contacto visual con el progenitor excede el nivel de tolerancia de su organismo. Otro signo son las manos y pies fríos y sudorosos. Se observa a menudo el enfriamiento de las nalgas y de los órganos genitales.

 

Otro fenómeno son los trastornos del sueño. Es frecuente el despertar con sobresalto poco después de haber conciliado el sueño. Varias veces se repite el ciclo de adormecimiento y despertar sobresaltado. A la persona que le acompaña le da la impresión de que el bebé no sabe lo que quiere. En realidad lo que sucede es que la tensión permanente de su sistema lo ha incapacitado para abandonarse con placer a la apertura de su organismo.

 

Aspectos bioenergéticos del masaje para bebés

 

Un masaje administrado con cariño fomenta la expansión y la apertura, es decir el funcionamiento parasimpático del organismo. Se le invita así a relajarse y salir del estado de retraimiento. La calidad de ese contacto corporal es de importancia decisiva para la efectividad del masaje. Cabe distinguir entre contactos fríos y mecánicos y otros que son afectuosos y profundos. Es necesario que se constituya un vínculo emocional entre el bebé y la persona que le da masaje para conseguir actuar en los planos energéticos más profundos.

 

El rasgo principal que indica el comienzo de la reacción de distensión es que los movimientos del bebé van haciéndose más pausados y tranquilos. Lo vemos más centrado, mejor conectado con su propio cuerpo. Los movimientos adquieren una expresión más armoniosa y entregada. Finalizado el masaje, el bebé está blando, flexible y como emocionalmente más cercano.

 

El bebé acorazado es el que se ha refugiado en el interior de su sistema como consecuencia de experiencias dolorosas. Esta situación puede remediarse con los masajes observando que recupera su interés por lo que le rodea y se abren los canales de los sentidos infantiles. Reanuda con placer el contacto visual que quizá venia evitando. El masaje abre el flujo de energía en dirección a los ojos. Los bebés que se distraían con rapidez y estaban fuera de sí, se centran volviendo hacia dentro las energías biológicas, dirigiendo la atención hacia el propio cuerpo.

La eficacia preventiva y terapéutica del masaje para bebés estriba en estimular la pulsación biológica del pequeño.

 

El acorazamiento emocional y corporal de los niños de corta edad es excesivamente frecuente consecuencia de prácticas que contradicen sus necesidades biológicas de protección, abrigo y calor.

 

RESUMEN REALIZADO POR: AURORA DEL  SOLAR PSICOTERAPEUTA REICHIANA.

ARTICULO  DE THOMAS HARMS  EXTRAIDO DEL LIBRO “MASAJES PARA BEBES Y NIÑOS”

AUTORA: MARGARITA KLEIN

EDITORIAL: ONIRO

 

 

 

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