Mi cuerpo en el vaivén de las olas y mi hijo latiendo fuerte

 

Sé que es el momento, nos vamos al hospital con contracciones muy seguidas, estoy en otro mundo, con mi bebé dentro todavía.

 

Todo va bien hasta que, en cama, las contracciones se paran. Y el parto no progresa...y oigo a la matrona decirme "esto acaba en cesárea"...lloro, lloro mucho, vomito, tengo mucho miedo.

 

Y llega el primer ángel: un ginecólogo me dice si quiero algo, le pido agua, cierra la puerta y me da el agua prohibida, dejándome el vaso para que a escondidas beba... Me siento mejor, me digo que puedo parir, conecto con mi bebé de nuevo.

 

Llega el segundo ángel, la maravillosa matrona que me devolvió la confianza: y todo fue rápido entonces, mi cuerpo en el vaivén de las olas y mi hijo latiendo fuerte. Y nace...y sobre mí siento su calidez húmeda, lo miro, me mira, es el ser más perfecto del mundo, la ternura entre mis brazos y sobre mi piel.

 

Estoy eufórica, no puedo dejar de mirarlo, solo quiero estar pegada a él. Mi marido está sobrecogido, yo llena de fuerza, llena de la vida que acaba de salir de mí.

 

María Álvarez Landesa. Profesora

Maternidad y salud. Informes, estudios e investigación .Ministerio de Sanidad. 2012

 

 

 

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