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Parir, amamantar, colechar, portear, amar

 

Amamantar.Colechar. Portear. Besar. Abrazar. Susurrar. Acariciar. Lamer. Cuidar. Arropar. Canturrear. Llorar. Acompañar. Sostener. Sonreír. Amar. Llevan pegados a mi piel dos años estos verbos que antaño poco usaba... casi nunca. Desde que nuestra hija eligió nacer a nuestro lado una revolución se puso en marcha cálida y potente que nadie puede parar.

 

Cuando decidí criar de una forma distinta a lo que se hace en la mayoría de los hogares de nuestra sociedad occidental... temía que me iba a enfrentar a todo tipo de trabas y comentarios, miradas y suspiros acerca de ese modo de educar a mi hija tan poco convencional hoy día. Sí, mi temor era fundado... y parece que va a durar porque yo he tomado la firme decisión de no retroceder. ¡Llevo quince días de lactancia prolongada! (en los términos de la OMS, es decir, desde que mi hija cumplió dos años), dos años de colecho, un parto en casa, y trato de educar a mi hija desde el respeto y el amor.

 

A lo largo de este tiempo, descubrí una cosa... Es que tenemos mucha fuerza las madres. Descubrí que si estaba segura de mi misma, de lo que hago con mi hija, si estaba conectada con mi corazón, los comentarios se iban disminuyendo, se iban haciendo más breves, transformándose en preguntas – a las cuales respondo con toda la calma y tranquilidad del mundo. ¡Cuánto poder tiene nuestra energía en este momento! Cuán más nerviosa estaba antes, y con más miedo, más comentarios, más acosos... Este verano en Francia, varias veces se me acercaron mujeres mayores mientras le daba el pecho a Lhasa. Por dentro pensaba simplemente “¿A ver qué me va a decir ésta?” (En vez de antes “ya verás que me va a decir qué barbaridad, una niña tan mayor etc.”).Y por mi más grande asombro,¡ siempre fueron comentarios positivos! “Qué bien que le estés dando la teta a tu peque, ¡no hay nada mejor en el mundo!” O bien “¡Qué bonito, qué tierno!”. Y yo me sentía... rara. ¡Sí! Estaba dispuesta a soltar el discurso de “la OMS dice que... blablablá...” antes de que esas mujeres abrieran la boca.

 

Me ayudó a entender que parte de lo que recibo, lo genero yo, de alguna manera. Si estoy tranquila y confiada, hay menos probabilidades de que me acosen... Que también puedo ser yo y pasar de la opinión de los demás. Que no tengo que convencer a nadie... Simplemente sigo mi camino, y mi camino, es ese. ¿No lo entienden? Puede ocurrir. No tengo por qué dar explicaciones si no lo veo importante. Ahora cuido mi energía. Trato de no malgastarla. Guste o no guste lo que hago y lo que soy. Si por dentro sé que lo que estoy haciendo está bien y estoy acorde con el compás del corazón... Nadie puede parar esta revolución.

 

Céline Rainoird. Cuentista y profesora de teatro

Maternidad y salud. Informes ,estudios e investigación. Ministerio de Sanidad 2012.

 

 

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