CRÓNICA DEL PARTO DE NIL

 


Cerca de la medianoche del lunes que hacía 39+6 fui al lavabo antes de acostarme y noté que tenía algo más que pipi, pensé “ostras, qué puntualidad” al día siguiente tenía las correas en SJDD. Para mí que había roto aguas y ni idea de si eran claras o sucias, o si era más tapón mucoso con sangre.., así que avisé por WhatsApp a Blanca y le envié también una foto de la compresa, “todo bien”, y como aún no tenía contracciones, me dijo que intentara dormir. Me fui a la cama pero no descansé nada... en seguida vinieron unos dolores como de regla más fuertes cada vez. Entre el dolor y los nervios... vaya noche pasé. Además me estresaba pensar que iba a afrontar el parto hecho polvo…
Por la mañana seguía igual, quizá con más dolores espaciados en el tiempo, pero muy irregulares y con el miedo de “con la bolsa rota son peores las contracciones…” ese pensamiento bloquea mucho el proceso…


Mi marido ya no fue a trabajar, se quedó conmigo. Blanca iba preguntando cómo iba, se ve que comió cerca de casa por si acaso, que de haberlo sabido le hubiéramos dicho que subiera a comer con nosotros. Recuerdo que comimos tortellini de carne y casi no probé bocado.., pasaba ratos sentada en la pelota para que no me dolieran tanto las contracciones, que eran súper flojas y soportables... mi marido había bajado las luces, las persianas, y puesto algo de música.. Había estado intentado dormir entre contracciones para coger fuerzas, pero la verdad es que dormité muy poco...
Como ese día salía de cuentas y ya llevaba 2 semanas con pródromos de parto hubo mucha gente que me preguntaba si no notaba nada aún..., a todos les decía lo mismo “aún sigo entera”, lo cual era cierto… Ya me estaban poniendo nerviosa y eso que les dije a todos que avisaría cuando el bebé hubiera nacido

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Estando ya de preparto no iba a ir a SJDD si quería hacer al menos la dilatación en casa, así que cuando vino Blanca me hizo las correas en el sofá del comedor, lo que fue súper cómodo porque ella paraba cuando me venía una contracción para que pudiera revolverme en el sofá, vamos igualito que en un hospital.. ;) “El bebé está bien”, me decía “es un campeón, no le afectan las contracciones, está como un toro” pero nada de dolores fuertes…


Nos explicó la situación para que decidiéramos qué hacer: en el hospital si iba con la bolsa rota y aún no estaba de parto, me lo inducirían. Otra opción era quedarnos en casa, confiar, y esperar a que se desencadenara el parto. Es verdad, no me acordaba de los dichosos protocolos hospitalarios, yo llevaba más de 12 horas con la bolsa rota y solo tenía contracciones irregulares, no muy fuertes en intensidad y podía hablar y reír y hacer bromas entre una y otra… Decidí quedarme en casa a esperar a que llegara el momento, estuvimos los tres allí más que nada hablando, Blanca me tranquilizó mucho, recuerdo que me preparó una infusión buenísima y que poco a poco las contracciones iban siendo cada vez más fuertes…Hoy por hoy pienso que ella favoreció que me pusiera de parto sola y no hizo falta que me lo indujeran, porque me sentí acompañada, respetada en mis decisiones, su presencia me daba confianza, me relajé y lo demás vino solo… Al final, venía para un rato a ver cómo lo llevaba y se quedó porque vio que me puse (yo sola!) de parto, ahora ya se quedaría con nosotros hasta el final.
Más tarde, me hizo un tacto, creo que serian las 6 o así... ya era oscuro fuera… se difuminan las horas y los momentos en el recuerdo... me dijo “¡Felicidades! Estás de 2-3 cms., ¡estás de parto!” ¡Bien! Si hubiera ido al hospital me lo hubieran inducido, no porque hiciera falta, si no por puro protocolo, no hubieran confiado en mi cuerpo como confié yo, como confió mi marido, como confiaba Blanca…
Me dijo que la bolsa seguía ahí, la tocó, estaría fisurada por arriba, por eso noté como si rompiera aguas, pero estaba ahí, así que aún amortiguaba las contracciones. Eso me dio ánimos, “voy a ir haciendo” pensé, y en un rato, no sé cuánto, empezó a ponerse seria la cosa...


Estaba preocupada por no haber dormido casi, “intenta dormir entre contracciones” me decía ella, pero que no me preocupara porque a la hora de la verdad las mujeres que están de parto tienen Duracell, jajaja, más adelante entendí porqué lo decía…
Mi marido estuvo todo el tiempo acompañándome también, pero dejándome espacio cuando veía que lo necesitaba… le noté tan cercano, tan cariñoso, tan atento... me ponía música, me ayudaba a levantarme, me bajaba la luz, me cogía de la mano, me besaba, me apartaba el pelo… era un trabajo en equipo. En una de las contracciones le dije a Blanca cómo se llamaba el bebé, no lo sabía nadie más que nosotros, excepto mi hermana y mi madre. 
Recuerdo vagamente cosas, a ratos me sentía evadida completamente, recuerdo que iban sonando las canciones que escogimos para el parto, en una de ellas, me emocioné y lloré, “La noche eterna” de LOL.


Había ratos que no notaba contracciones y bajaba de mi mundo y les decía “hace rato que no me viene ninguna” y me decían “qué va… ¡si las tienes cada 2 o 3 minutos!” “ah?? Si??” y la noción del tiempo se difuminada y se borraban las horas… Blanca me hizo otro tacto, estaba de 5 cms., 6 con contracción, era hora de marchar si quería parir en el hospital, a día de hoy, me hubiera quedado en casa, pero claro, lo hecho, hecho está.Sabía que el camino de casa a SJDD iba a ser duro, y lo fue. Iba sentada en el coche intentando adoptar la postura que me iba tan bien con la pelota en casa, mi marido puso la misma música para intentar no romper mucho mi atmósfera pero se me hizo interminable. Blanca iba siguiéndonos con su coche. Cuando llegamos a mi marido se le ocurrió aparcar bien el coche e ir caminando juntos hasta la entrada del hospital…, cosas de novatos.. Me tenía que haber dejado haciendo el ingreso y ya vendría él cuando aparcara. Pero bueno, otra anécdota que contar: todo el camino agachándome cada 2 x 3 para recibir una contracción, ahora en una farola, ahora en una señal de tráfico, o de rodillas como rezando en el asfalto... y así hicimos el ingreso, no sé si fue mucho tiempo pero a mí me lo pareció. Una vez en el box me pusieron la típica vía, me la pusieron mal y me hicieron 2 pinchazos!! Uno en cada muñeca.. cómo me fastidió eso…pero era innegociable, la vía te la han de poner, una vez en el hospital sabía que me tenía que amoldar a sus protocolos… Me hicieron otro tacto, nos dieron habitación y por fin pasamos a la sala de parto natural. En todo ese rato, tuve más contracciones que me costaba mucho aguantar, más que en casa, más que en el coche, más que caminando... Aunque Blanca me hacía algo en la cadera que me aliviaba mucho, pero...uf!, cada vez era más difícil sobrellevarlo… creo que empecé a perder la concentración, a no saber recibir las contracciones, a enfrentarme al dolor en vez de acompañarlo…


En la sala de partos, me llenaron la bañera, en la que tenía muchas expectativas, me había hecho a la idea de que el agua me ayudaría a llegar hasta el final, a mitigar el dolor, pensaba que iba a ser mi salvación, que allí dentro llegaría a dilatar completamente y que sería rápido pero me llevé un gran chasco porque me incomodaba la vía del brazo y tenía el otro dolorido por la vía frustrada. No podía agarrarme bien a los asideros, el agua caliente realmente era confortable, pero le faltaba algo… No apoyaba bien la cabeza y tampoco me cubría totalmente la barriga. Todo y con eso, me tiré mucho rato ahí dentro, mientras mi marido y Blanca me daban agua fría en la cara, zumo y muchos, muchos ánimos. Las contracciones no eran largas pero Blanca decía que no importaba, porque eran efectivas, me iba abriendo…


Llegó un momento que quise salir, me agobié de tal manera…, tenía calor y me frustraba que no estaba siendo lo que yo esperaba, me ayudaron a salir y vuelta a la pelota y a colgarme del fular. Ahí pasé mucho rato, mi marido se ponía detrás de mí, me acariciaba, me tapaba con una manta para que no cogiera frío, ¡madre mía qué frío...! Me había mojado la cabeza de tanto moverme en la bañera y como estaba desnuda, solo pensaba en lo caliente que se estaba en la bañera y el frío que sentía entonces... Pero no entraría más, allí dentro me faltaba el aire y creo recordar que a mi bebé le bajaron un poco las pulsaciones, luego me pusieron un doppler con unas correas inalámbrico para ir controlando, pero molestaba mucho.


Cada vez eran más intensas las contracciones, la comadrona del hospital me hizo un tacto, que me dolió, me dijo que no había avanzado mucho. Blanca no se lo creía, decía que el tacto se tiene que hacer con contracción, así se veía mejor, sea como fuere, me desmoralicé un poco. Volvía a la pelota, y luego a la silla de partos, cambiaba para ver qué me iba mejor. Llegó un momento que ya me arrastraba por el suelo, y emitía gritos guturales, que pensé, menos mal que no estoy en casa, que me oirían todos los vecinos…


La verdad que no recuerdo mucho más, entre retales de canciones mi cuerpo se iba abriendo y en alguna parte de mi conciencia, aun un poco activa, pensaba que tenía miedo... En algún momento, necesitaba caminar, me levantaba e iba al lavabo, los pocos pasos que podía dar me sentaban bien, me notaba la boca seca y casi todo el tiempo estaba con los ojos cerrados, intentando conectar, concentrándome en la música, en mi cuerpo, visualizando el momento que llegaría, acabaría por llegar tarde o temprano.
Me faltó dejarme llevar, tirarme al vacío, confiar con los ojos cerrados como me dijo Blanca. En un momento dado, la comadrona del hospital me hizo un tacto. Decía que me faltaba “un borde” pero que el bebé no bajaba, que estaba muy arriba. Entonces pensé “no puedo más”, era el momento que todos dicen: cuando piensas que no puedes más, el bebé ya está aquí.


Blanca me decía “empuja y te aliviarás”, yo ya empujaba, cuando venía una contracción, sentía un peso abajo, pero no me aliviaba... y… claudiqué. Me vine abajo, pensaba en todas las horas que llevaba, en que según la comadrona del hospital “uf, es que no baja...”, en el miedo a que me tuvieran que hacer algo “a pelo”… y empecé a dudar… y me vendieron la epidural tan bien… según aquella chica no me pondrían oxitocina porque yo ya tenía contracciones y ya había dilatado, no me iban a hacer episiotomía porque mi periné era muy elástico, etc., etc.


Y ahí acabó mi parto natural, se encendieron las luces, quitaron la música y poco a poco fui descendiendo… recuerdo que pensé “no estoy haciéndolo bien, me arrepentiré…” pero ya no estaba a tiempo y fui haciéndome a la idea... y a auto convencerme de que hasta ahí podía llegar, que había tomado la mejor decisión.
Pasé unos momentos muy angustiosos hasta que me pusieron la analgesia, sin poderme mover y aguantando cada contracción sentada en la cama, no sé ni cómo... todo lo que vino después fue como cualquier otro parto intervenido: más oxitocina, en un costado aún notaba dolores, una posición súper incómoda de la que no me podía mover, al empujar no notaba nada y me quisieron ayudar acompañando el movimiento desde fuera, aunque no resultó y finalmente utilizaron fórceps. Tengo recuerdos vagos también de esos momentos, supongo que por el cansancio después de tantas horas (ya era de madrugada) y por el sueño y tal… hubo unos momentos en que se llenó la sala de muchísima gente, al bebé le bajaron de manera drástica las pulsaciones y pasamos mucho miedo…, recuerdo el miedo... la angustia... el sentimiento de culpa…


Aunque lloró de seguida que nació, se lo llevaron a otra sala por si le tenían que aspirar, le pedí a mi marido que le siguiera, solo me dejó en ese momento, me contó que fueron un par de minutos, ¡pero para mí fue tanto tiempo…!


Cuando me lo trajeron y me lo pusieron encima del pecho, le dije “Hola, bebé” y en seguida paró de llorar, fue mágico…, por más noches en vela que pase redactando la mejor crónica de parto y buscando las palabras adecuadas para narrarlo... sería inútil, hay momentos que no es posible describir… y estos primeros minutos, mágicos, de piel a piel con tu bebé que acaba de nacer, es uno de ellos.


Blanca estuvo con nosotros hasta que nos subieron a la habitación, agradecí tanto que estuviera a mi lado cuando me quedé sola esos dos interminables minutos… también me ayudó en la misma sala de partos a ponerlo al pecho y a que se enganchara, luego se fue y vino al día siguiente, que seguíamos en el hospital. Nos dieron el alta al tercer día, yo que tenía la ilusión de un alta rápida y al final, con todas las heridas de guerra que tenía, hasta con calmantes por la vía que estuve. Sí, la dichosa vía de la que me quejaba. Lo mejor de SJDD es que pudimos hacer colecho, que apoyaron nuestra decisión por la lactancia materna y que todas las pruebas, la del talón, pesar al bebé…, las hicieron en la misma habitación, ya no hubo más separaciones.


La verdad es que cuando acaba todo y llegas a casa con tu bebé, lo que puedes echar en falta sobre todo si optas por dar el pecho, es acompañamiento, una persona en la que confíes y que te guíe y te respete en tus decisiones. Pero en nuestro caso, eso no lo echamos en falta nunca, nos sentimos muy arropados por Blanca en todo momento. Hasta que la lactancia no estuvo instaurada del todo, se preocupó de nosotros, de cómo estaba nuestro bebé, de si cogía peso, de si estaba tranquilo, de cómo estaba yo…Resultó que a raíz del tipo de parto nuestro hijo tenía las fontanelas montadas y además el reflejo de lucha o huida muy acusado, de hecho estuvo en tratamiento con una osteópata pediátrica que nos recomendó y que nos ayudó mucho. Tuvimos además muchas dificultades con la lactancia, que fuimos superando poco a poco con su apoyo.
Ahora, un año después, pienso que debería haberlo hecho de forma diferente, por ejemplo quedarme en casa en vez de marchar al hospital y seguir confiando en mí y en mi bebé. Pero las cosas no se pueden cambiar, como mucho aprender de ellas. Creo y me reconforta pensar que vivimos la experiencia que necesitábamos vivir y es gracias a que el parto y el puerperio fueron así y no de otra manera que tanto mi bebé como yo y también mi marido somos a día de hoy los que somos.

 

Margee . Dilatación en casa.

 

 

 

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